Este lunes 27 de julio de 2026, Camilo Obregón, cofundador de Reduciendo Daño, participa como panelista en la Cumbre ACDC 2026, un encuentro internacional online sobre reducción de daños y análisis de sustancias. Es una instancia distinta a las fiestas y festivales donde solemos estar presentes: un espacio de conversación entre organizaciones de todo el mundo que hacen el mismo trabajo que nosotros, cada una en su propio país.
¿Qué es la Cumbre ACDC?
ACDC son las siglas de Alliance for Collaborative Drug Checking (Alianza para el Análisis Colaborativo de Sustancias), una comunidad internacional fundada en 2019 que reúne a más de 600 personas vinculadas al análisis de sustancias con enfoque de reducción de daños: químicos, investigadores, programas de intercambio de jeringas, personas que usan drogas y organizaciones de base de distintos países. Cada año organizan una cumbre virtual gratuita, con sesiones en inglés y español, para compartir aprendizajes sobre qué está funcionando —y qué no— en el análisis de sustancias alrededor del mundo.
La edición 2026 se realiza entre el lunes 27 y el jueves 30 de julio, completamente online. El primer día incluye cuatro sesiones: una sobre cómo responder a la resistencia que enfrenta el trabajo de reducción de daños, otra sobre herramientas rápidas y escalables como las tiras reactivas, la tercera es el panel donde participamos nosotros, y la cuarta está dedicada al análisis de sustancias en comunidades BIPOC (negras, indígenas y de color).
Agenda del primer día de la Cumbre ACDC 2026. Nuestro panel es la Sesión Tres.
El panel: Sin Fronteras, análisis de sustancias en América Latina
El panel en el que participamos se llama «Sin Fronteras: Análisis de Sustancias en América Latina», y reúne a personas de organizaciones de Chile, Colombia, México y Perú que hacen análisis de sustancias en sus respectivos países. Junto a Camilo Obregón, por Reduciendo Daño, participan Fran Brivio y Humberto Rotondo (Proyecto Soma, este último como moderador), Daniel Rojas (Rizoma ONG), Rebeca Calzada (La Testería) y Perla Martínez Reynoso (Verter A.C.).
Las preguntas que guían la conversación son las que casi todas estas organizaciones nos hacemos a diario: ¿cómo influye la política de drogas de cada país en el trabajo que hacemos? ¿Cómo nos adaptamos cuando el contexto político se vuelve más autoritario? ¿Qué patrones de consumo estamos viendo, y en qué se parecen o se diferencian entre países? Son preguntas que no tienen una respuesta única, pero que se responden mejor comparando lo que cada organización observa en su territorio.
Panelistas de «Sin Fronteras: Análisis de Sustancias en América Latina», Cumbre ACDC 2026, 27 de julio.
Por qué esta conversación importa
El análisis de sustancias en América Latina no se parece del todo al de Estados Unidos o Europa, de donde viene buena parte de la literatura y las herramientas del área. Los mercados de drogas son distintos, los marcos legales también, y en varios países de la región el contexto político para hacer este trabajo se ha vuelto más difícil, no menos. Comparar directamente con organizaciones de Colombia, México y Perú nos permite ver qué de lo que hacemos en Chile es específico de nuestro país y qué es un patrón regional —información que no aparece en ningún estudio publicado, porque se construye conversando entre quienes están en terreno.
Ese tipo de intercambio también nos exige ser precisos sobre nuestro propio trabajo: explicarlo ante colegas que hacen lo mismo en otro país, con otra legislación y otro mercado de sustancias, obliga a distinguir bien qué es evidencia y qué es impresión. Es la misma disciplina que aplicamos al leer un reactivo de color: una señal es una señal, no una certeza absoluta, y hay que decir con precisión qué sabemos y qué no.
Un paso más en la misma trayectoria
Participar en instancias como la Cumbre ACDC es parte de la misma línea que nos llevó, en abril de 2025, a exponer en la Conferencia Internacional de Reducción de Daños (HR25) en Bogotá. Ninguna de estas dos instancias reemplaza el trabajo de terreno —las fiestas, los festivales, el testeo directo con quien nos consulta—; lo respaldan. Cada espacio académico o de diálogo entre organizaciones suma legitimidad y redes a un trabajo que, en el fondo, se sostiene con datos: en 2026 publicamos un estudio revisado por pares sobre 992 muestras analizadas en 22 eventos de música electrónica durante 2024, y seguimos sumando esa evidencia cada vez que alguien nos pregunta si esto realmente funciona.
No sabemos todavía qué va a salir de esta conversación puntual con Proyecto Soma, Rizoma ONG, La Testería y Verter A.C. —eso lo sabremos cuando termine el panel—, pero la razón de estar ahí es la misma de siempre: mientras más organizaciones de la región comparen notas, mejor se entiende qué funciona en reducción de daños en América Latina, y no solo en el mundo anglosajón de donde viene casi toda la evidencia disponible hoy.
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