Autor: Dr. Jorge Godoy, médico de la fundación. 15 referencias citadas al final.
La semana pasada la prensa chilena contó la historia de una mujer de 28 años que perdió el control de su vejiga por consumir ketamina. Es un caso real y es grave. Pero hay algo que esa cobertura no alcanza a decir, y que es lo único que puede cambiar un desenlace parecido: el daño no aparece de un día para otro, y avisa antes.
Este artículo explica qué le hace la ketamina al tracto urinario, cuáles son las señales que hay que mirar antes de que el daño sea irreversible, y por qué —cuando el problema ya está instalado— decirle a alguien «deja de consumir» suele no alcanzar.
De 10 casos a 248 en seis años
Las intoxicaciones por ketamina notificadas al CITUC (Centro de Información Toxicológica de la Universidad Católica) pasaron de 10 casos en adultos el año 2019 a 248 en 2025. En adolescentes, de ninguno a 57 en el mismo período.
Preferimos entregar esos números en bruto y no el porcentaje que circuló en los titulares: con las cifras publicadas no logramos reproducirlo, y un dato que no podemos verificar no lo repetimos aunque venga de una fuente seria. Los números absolutos ya dicen bastante.
Quizás ya la estás consumiendo
Acá está el punto que casi nadie conecta, y es el que más nos preocupa.
En el tusi, la ketamina es el componente principal. No es un adulterante ocasional: es la base de la mezcla, por delante del MDMA, de las benzodiacepinas de diseño y de la cafeína. Lo hemos visto en nuestro propio trabajo de análisis de sustancias en terreno.
Qué le hace la ketamina a la vejiga
Durante años se habló de «cistitis por ketamina». Hoy el término correcto es uropatía inducida por ketamina, porque el problema no se queda en la vejiga: puede subir hasta los uréteres y los riñones.
La ketamina se metaboliza en el hígado y sus metabolitos se eliminan por la orina. Tanto la ketamina como algunos de esos metabolitos son tóxicos para el urotelio, que es la capa que recubre la vejiga por dentro. La secuencia, simplificada, es esta:
- Daño de la barrera. El urotelio pierde integridad y se altera su capa protectora de glicosaminoglicanos. La pared se vuelve permeable.
- Inflamación persistente. La orina entra en contacto con capas que nunca deberían tocarla. Aparecen inflamación, estrés oxidativo y activación de las terminaciones nerviosas.
- Dolor y urgencia. Esas terminaciones se sensibilizan. Duele llenar la vejiga y duele orinar.
- Fibrosis. La inflamación sostenida remodela la pared. La vejiga se vuelve rígida y pierde capacidad.
- Compromiso del riñón. Una vejiga pequeña y rígida sube la presión, y esa presión se transmite hacia arriba: hidronefrosis y deterioro de la función renal.
Lo importante de esa secuencia es que las primeras etapas son reversibles y las últimas no. Reparar la barrera tiene sentido cuando todavía hay inflamación; no revierte una vejiga ya fibrosada.
Las señales que hay que mirar
Esta es la parte más útil de todo el artículo, porque es la que llega a tiempo. Los primeros síntomas son del tracto urinario bajo y es fácil normalizarlos:
- Orinar más seguido que antes.
- Urgencia: ganas que no se pueden postergar.
- Despertarse de noche a orinar (nocturia).
- Ardor o dolor al orinar, o dolor en la parte baja del abdomen.
- Escapes de orina que antes no ocurrían.
- Sangre en la orina.
- Cada vez menos volumen por vez.
Una herramienta simple y gratuita: el diario miccional. Durante dos o tres días anota la hora de cada micción, cuánto orinaste aproximadamente, si hubo urgencia, dolor o escapes. Sirve para hacer visible un cambio que se instaló de a poco, y le sirve al médico que te atienda.
La trampa que hace difícil salir
Hay un círculo descrito en la literatura clínica que explica por qué esto no se resuelve solo con fuerza de voluntad:
Es decir: la sustancia que está produciendo el daño alivia el síntoma que ella misma produjo. Y el alivio del dolor no significa que la vejiga esté mejor. Puede estar empeorando mientras se siente menos.
Por eso, en una persona con dependencia, limitarse a indicar «deja de consumir» suele ser clínicamente insuficiente. Hay que tratar el dolor por otra vía al mismo tiempo, o el círculo no se rompe. Tratar bien el dolor es, en este caso, una intervención de reducción de daños.
Qué se puede hacer
La medida de fondo, una vez que la uropatía está instalada, es suspender la ketamina. En el estudio de seguimiento más citado, cerca de la mitad de quienes describieron su evolución reportaron mejoría tras dejar de consumir. La reversibilidad depende de la etapa.
Cuando suspender de inmediato no es posible, reducir la exposición sigue siendo un objetivo válido: menos días de consumo, menos cantidad, no escalar, espaciar, evitar la redosificación, establecer días libres. Reducir probablemente disminuye el riesgo, pero no garantiza detener un daño ya establecido, y eso hay que decirlo sin adornos.
Dos cosas más, que importan: evitar mezclar con depresores —alcohol, opioides, benzodiacepinas, GHB— porque ahí el riesgo agudo es pérdida de conciencia, vómito con aspiración y depresión respiratoria; y no pasar a la vía inyectada, que agrega infecciones, abscesos y transmisión de hepatitis o VIH a un problema que ya es serio.
Sobre el testeo, con todas sus letras
Somos una fundación que vende reactivos de análisis de sustancias, así que esto hay que decirlo con precisión.
El testeo previene un daño distinto, y muchas veces mayor: descubrir que eso no era lo que buscabas. Alguien que cree estar consumiendo 2C-B y en realidad tiene ketamina con benzodiacepinas de diseño está expuesto a un riesgo que no eligió y que ni siquiera sabe que existe. Ahí el reactivo sirve, y sirve mucho.
Confirmar que la muestra sí es ketamina no vuelve segura a esa muestra. La uropatía la produce la ketamina misma, no un adulterante. Un reactivo detecta presencia, nunca cantidad ni pureza, y no existe hoy una dosis, una frecuencia ni un intervalo que se haya demostrado seguro para el tracto urinario.
Testear te protege de lo que no sabías que estabas tomando. No te protege de lo que sí sabías.
Cuándo consultar sin esperar
Hay señales que no admiten postergar la consulta:
- Sangre en la orina.
- No poder orinar, o orinar muchísimo menos de lo habitual.
- Fiebre.
- Dolor lumbar o en el costado junto con síntomas urinarios — puede indicar que el riñón está comprometido.
- Dolor vesical intenso, o incontinencia que apareció hace poco.
- Vómitos que no ceden o sensación de compromiso general.
Y algo que conviene saber antes de entrar a la consulta: decir que consumes ketamina cambia el diagnóstico. Con cultivos de orina negativos y síntomas persistentes, un equipo que no tiene ese dato puede tardar meses en llegar a la causa. Callarlo por vergüenza es, en la práctica, tiempo perdido de vejiga.
Este artículo es informativo y no reemplaza una evaluación médica. Si hay una urgencia, acude al servicio de urgencia más cercano o llama al 131 (SAMU). Para orientación en salud, Salud Responde: 600 360 7777. Si estás pasando por una crisis de salud mental, *4141 es la línea de prevención del suicidio del Ministerio de Salud, gratuita y 24 horas.
Lo que sostiene todo esto
El principio no es conseguir que alguien deje de consumir a como dé lugar. Es evitar que, mientras lo intenta, siga perdiendo función vesical y renal. Eso exige tratar a la vez el dolor, la abstinencia, la salud mental y la función que ese consumo estaba cumpliendo — porque si esa función no se identifica, retirar la sustancia deja intacto el problema que la sostenía.
Y exige algo más simple: que la persona no desaparezca del sistema de salud. La vergüenza y el juicio retrasan la consulta, y en esta enfermedad el tiempo es tejido. Mantener el vínculo es, por sí solo, una intervención.
¿Te reconociste en algo de esto?
En Reduciendo Daño puedes conversarlo con nuestro equipo de salud. Partimos con una llamada de ingreso gratuita, y no te vamos a pedir que dejes de consumir para atenderte.
Ver los servicios de salud →Fuentes
Este artículo resume una revisión más extensa preparada por el equipo de salud de la fundación.
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«Ketamina y síndromes urinarios: una mirada clínica desde la reducción de daños» — Dr. Jorge Godoy, Fundación Reduciendo Daño. Trece páginas con epidemiología, fisiopatología, evaluación clínica, tratamiento, un modelo de manejo en cinco niveles, dieciséis estrategias de reducción de daños y las 15 referencias completas.
⚠️ Está escrito en lenguaje clínico, pensado para equipos de salud. Si buscas la versión en simple, es este mismo artículo que acabas de leer.
Descargar el PDF (168 KB) →Referencias principales:
- Shahani R, et al. Ketamine-associated ulcerative cystitis: a new clinical entity. Urology. 2007;69(5):810-812.
- Castellani D, et al. What urologists need to know about ketamine-induced uropathy: a systematic review. Neurourol Urodyn. 2020;39(4):1049-1062.
- Belal M, et al. British Association of Urological Surgeons consensus statements on the management of ketamine uropathy. BJU Int. 2024;134(2):148-154.
- Bourillon A, et al. Management of ketamine cystitis: National guidelines from the French Association of Urology. Fr J Urol. 2024;34(14):102754.
- Advisory Council on the Misuse of Drugs. Ketamine: an updated review of use and harms. Reino Unido; 2026.
- Winstock AR, et al. The prevalence and natural history of urinary symptoms among recreational ketamine users. BJU Int. 2012;110(11):1762-1766.
- Chan EOT, et al. Systematic review and meta-analysis of ketamine-associated uropathy. Hong Kong Med J. 2022;28(6):466-474.
- Jhang JF, Birder LA, Kuo HC. Pathophysiology, clinical presentation, and management of ketamine-induced cystitis. Tzu Chi Med J. 2023;35(3):205-212.
Cifras de intoxicaciones: CITUC, citado por The Clinic, 5 de septiembre de 2026.
Sobre el autor
Escrito por el Dr. Jorge Godoy, médico de Fundación Reduciendo Daño, a partir de una revisión de literatura preparada para el equipo de salud de la fundación.
Reduciendo Daño es una fundación chilena que trabaja en reducción de daños desde 2018. Conoce al equipo →
Escrito por Equipo Reduciendo Daño
Contenido desarrollado con el respaldo del equipo de Reduciendo Daño: analistas químicos y químicos farmacéuticos.
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