Frasco de gomitas de citrato de magnesio.

El magnesio participa en más de 300 reacciones bioquímicas del cuerpo. Sin embargo, muchas personas solo lo consideran cuando aparecen calambres o tensión muscular. Muchos usuarios de éxtasis/MDMA lo usan para aliviar la tensión mandibular1.
El citrato de magnesio es una forma con buena biodisponibilidad, lo que facilita su absorción2. A nivel muscular, el magnesio interviene en los procesos de contracción y relajación. Cuando sus niveles son bajos, puede aumentar la excitabilidad neuromuscular, favoreciendo calambres nocturnos o tensión persistente, especialmente en personas activas o sometidas a estrés físico3.
Pero su rol no termina ahí.
El magnesio también participa en la regulación del sistema nervioso. Se ha estudiado su relación con la modulación del estrés y la calidad del sueño, ya que interviene en mecanismos asociados a relajación y equilibrio neuronal4. No es un sedante, pero puede favorecer un terreno fisiológico más propicio para el descanso.
A nivel digestivo, el citrato de magnesio tiene además un efecto osmótico suave, que puede apoyar el tránsito intestinal en personas con tendencia al estreñimiento leve5.
Desde el enfoque de reducción de daños, mantener niveles adecuados de magnesio es parte del autocuidado básico, especialmente en contextos de alta demanda física, consumo de estimulantes, estrés prolongado o alteraciones del sueño.
Lo más importante no es la dosis aislada, sino la constancia. El magnesio cumple funciones regulatorias continuas, por lo que su consumo diario permite sostener su efecto en el tiempo6.
No reemplaza hábitos como hidratación, alimentación equilibrada ni evaluación médica cuando corresponde. Es una herramienta simple, pero fundamental, dentro de una estrategia consciente de bienestar.
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  1. Parrott, A. C. (2001). Human psychopharmacology of Ecstasy (MDMA): A review of 15 years of empirical research. Human Psychopharmacology: Clinical and Experimental, 16(8), 557–577. https://doi.org/10.1002/hup.346 ↩︎
  2. Walker, A. F., Marakis, G., Christie, S., & Byng, M. (2003). Mg citrate found more bioavailable than other Mg preparations in a randomised, double-blind study. Magnesium Research, 16(3), 183–191. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/14596323/ ↩︎
  3. de Baaij, J. H. F., Hoenderop, J. G. J., & Bindels, R. J. M. (2015). Magnesium in man: Implications for health and disease. Physiological Reviews, 95(1), 1–46. https://doi.org/10.1152/physrev.00012.2014 ↩︎
  4. Abbasi, B., Kimiagar, M., Sadeghniiat, K., Shirazi, M. M., Hedayati, M., & Rashidkhani, B. (2012). The effect of magnesium supplementation on primary insomnia in elderly: A double-blind placebo-controlled clinical trial. Journal of Research in Medical Sciences, 17(12), 1161–1169.
    https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3703169/ ↩︎
  5. Müller-Lissner, S. A., Kamm, M. A., Scarpignato, C., Wald, A., Hinkel, U., Koehler, U., & Richter, E. (2017). Myths and misconceptions about chronic constipation. The American Journal of Gastroenterology, 112(5), 714–722. https://doi.org/10.1038/ajg.2017.53 ↩︎
  6. Gröber, U., Schmidt, J., & Kisters, K. (2015). Magnesium in prevention and therapy. Nutrients, 7(9), 8199–8226. https://doi.org/10.3390/nu7095388 ↩︎

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